
Si de algo estoy convencido desde hace mucho tiempo es que las obras tienen que hablar por si solas: Las obras de teatro, las películas, las artes plásticas (tan insoportablemente conceptuales últimamente).
Cada vez que una obra necesita de toda la perorata teórica de su creador para poder sostenerse... hay algo que no anda bien.
Las explicaciones o aclaraciones, son direcciones de lectura. Y estas tienen que haber podido transformarse en signos dentro de la obra para poder llevar a quien mira hacia ese lugar al que se viaja por medio de una creación artística.
Y así, hoy me doy cuenta que tener este blog, compartir con muchas o pocas personas (no lo sé) el proceso de este trabajo, es una forma de adosar una cantidad de información sobre la obra que salga de todo esto, que condicionará la vista pura de quien la vea.
Y qué mejor que cada uno pueda tener su propia lectura de los hechos?
Si el trabajo está lo suficientemente bien encaminado en cuanto a la claridad en lo que se quiera comunicar, ahí estarán todos los espectadores recibiendo (casi) lo mismo. En algún sentido, aquello que "quiso decir" el responsable de la obra.
pero ¿ Y si ni él tiene claro qué es eso que está diciendo?
Ojalá los procesos fueran tan claros y organizados.
O no. Desentrañar el caos es sabroso. Angustiante, pero sabroso.
Libertad para poder decir lo que uno quiera, incluso aquello que no sepa que quiere ser dicho.
Y libertad para que cada uno de los espectadores vea y lea la obra que quiera ver.
Hasta aquí llegamos.
Nos vemos en las funciones.

Diego.